Los sentimientos que se viven cuando se está cuidando a un familiar son variados. En todos los cuidadores aparecen emociones tanto positivas como negativas hacia la persona que cuida y hacia uno mismo.
Emociones positivas: la satisfacción de cuidar, fortaleza emocional entre tu familiar y tú, superación de situaciones complejas, constancia, fuerza, descubrimiento de nuevas cualidades y habilidades personales…
Las emociones positivas contribuyen al bienestar del cuidador y revierten de forma positiva en el cuidado.
Emociones negativas: tristeza, preocupación, soledad, irritabilidad, culpa, frustración, enfado, resentimiento, ansiedad, nerviosismo, miedo, autocompasión…
Las emociones negativas interfieren en la dinámica de la prestación de cuidados.
Los sentimientos y emociones forman parte de nosotros, por lo que tenemos que contar con ellos. Aprender a reconocerlos y manejarlos (que no es lo mismo que controlarlos), que los asumamos como algo natural y sepamos gestionarlos es importante para redirigirlos.